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Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el planeta, tanto para hombres como para mujeres.
Generalmente el foco preventivo o diagnóstico se centra en los factores hereditarios, la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad, el colesterol, el sedentarismo… Pero esto no es suficiente, los factores psicológicos constituyen en ciertos pacientes un riesgo tan significativo como los anteriormente mencionados.

Personalidades Tipo A y Tipo D

Hoy en día se reconoce que tanto el estrés como las emociones fuertes y negativas son perjudiciales para la enfermedad cardíaca y se dividen a las personas con riesgo en dos grupos según el manejo inadecuado de las emociones.

Sujetos Tipo A: se caracterizan por ser hiperactivos, impacientes, hostiles, competitivos, tensos, apurados, muy implicados en el trabajo y sus logros y desatentos a síntomas como el dolor o la fatiga. No siempre es alguien que vive gritando o enojándose por lo cual evaluarlos lleva un tiempo. No tienen conciencia de enfermedad por lo que difícilmente acudan a buscar ayuda terapéutica, sino sólo después de un evento cardíaco o por indicación médica. Son, esas personas que están haciendo una fila, molestos, y de repente estallan frente a un estímulo no tan relevante. Aparece la reacción como respuesta inadecuada a haber reprimido la ira por mucho tiempo. Esa es la hostilidad. Los hombres suelen estar más relacionados con estas características.

Sujetos Tipo D: tienen la tendencia a suprimir, reprimir y contener el distrés(estrés negativo). Suelen ser ansiosos e inhiben las expresiones propias en la interacción social, se sienten inseguros frente a los demás y al experimentar emociones negativas incrementan esa inhibición. Eso aumenta, a su vez, sus dificultades de comunicación y se deprimen.

Las mujeres presentan más habitualmente estas características, influyendo en ellas de manera muy negativa el estrés, la presión familiar y la depresión.

El Síndrome del Corazón Roto. Se conoce así a la Miocardiopatía por Estrés, que se presenta más habitualmente en mujeres. Consiste en un cuadro en el que tras una emoción intensa, fuerte (disgusto, situación estresante, muerte de ser querido…) y sobre todo con el estrés crónico y prolongado la paciente sufre una serie de síntomas similares al infarto convencional de miocardio. Estos síntomas son reversibles, ya que no se deben a un problema coronario sino a las consecuencias de la liberación de grandes cantidades de unas hormonas(catecolaminas) en la sangre que provocan cambios cardiovasculares(aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la presión arterial) dando lugar a un aumento del trabajo cardíaco desencadenando o favoreciendo el infarto de miocardio o la angina de pecho, en los casos más severos, o que da lugar a una debilitación cardíaca transitoria con pronóstico favorable. En estos casos, los estudios diagnósticos pueden demostrar unas arterias coronarias sanas, pero los episodios repetidos de estrés pueden volver a desencadenarlo.

Esto se da principalmente en mujeres postmenopáusicas y que no tienen factores clásicos de riesgo cardiovascular como colesterol alto, tabaquismo o hipertensión. Así es que de los estudios realizados se desprende que las mujeres son más vulnerables a los problemas cardíacos provocados por estrés.
El tratamiento suele basarse en fármacos que controlan o bloquean la acción de la adrenalina.

Como conclusión, las personas que controlan adecuadamente sus emociones tienen una mejor salud cardiovascular. Y si bien es común que se promueva el uso de fármacos ansiolíticos y antidepresivos en estos grupos de pacientes para estabilizar su situación emocional, como terapeuta mi recomendación es coadyudar al paciente cardíaco mediante psicoterapia para poder incorporar herramientas que le permitan un mejor y más adecuado control o expresión de las emociones.
Los aspectos psicológicos también influyen en la motivación del paciente para la prevención y el cumplimiento de los tratamientos indicados.

En la recuperación del paciente cardíaco considero imprescindible la contención psicológica ya que quien sufrió un infarto suele tener miedo y necesidad de contención, haciendo esto una gran diferencia al momento de evaluar resultados ya que quienes siguen un tratamiento psicoterapéutico presentan menor ansiedad, estrés y temor.

La psicoterapia ayuda a controlar los estados emocionales negativos, favoreciendo los positivos como primer objetivo de autocuidado. También permite expresar adecuadamente las emociones y sentimientos disminuyendo la tensión y el estrés.
Reconocer, expresar y compartir las emociones y sentimientos pueden beneficiar a tener una mayor motivación para vivir la propia vida, ser más eficaz para reducir la tensión cotidiana y sentirse más relajados y saludables favoreciendo mejores relaciones interpersonales.

Lic. María Paula Cuervo
Psicóloga
M.P. 945

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