Editorial CEDIC
Cada año aparecen nuevas dietas que prometen ayudarnos a bajar de peso, mejorar nuestra salud o incluso prevenir enfermedades. Dieta mediterránea, vegetariana, cetogénica, baja en carbohidratos, DASH o ayuno intermitente son solo algunos ejemplos.
Pero ¿qué sabemos realmente sobre ellas?
Nos enfocaremos en una revisión publicada en ”The New England Journal of Medicine “ unas de las mejores revistas científicas , que analiza de manera crítica y basada en la evidencia los principales patrones alimentarios estudiados científicamente y permite extraer una conclusión importante: una alimentación saludable no debería centrarse únicamente en bajar de peso, sino también en mejorar la salud cardiovascular y metabólica a largo plazo.
La evidencia disponible favorece especialmente los patrones alimentarios con predominio de alimentos de origen vegetal, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, acompañados de grasas insaturadas y cantidades moderadas de carne de pescado y ave , con menor consumo de carnes rojas y azúcares.
Más que buscar “la dieta perfecta”, probablemente debamos aprender a elegir mejor nuestros alimentos y mantener esos cambios en el tiempo. Al igual que la actividad física , la alimentación incide en prácticamente todos los factores que aumentan la chance de sufrir enfermedad vascular además de ser la fuente energética para el mejor desarrollo de nuestra actividad física e intelectual.
¿Qué dice el artículo “diets”?
La revisión de Yannakoulia y Scarmeas, publicada en The New England Journal of Medicine en 2024, analiza algunos de los patrones alimentarios más conocidos y estudiados.
Un concepto central del artículo es que la alimentación tiene efectos sobre la salud que van mucho más allá del peso corporal.
1. Dieta mediterránea
Es uno de los patrones alimentarios con mayor evidencia científica.
Se caracteriza por:
• abundantes frutas y verduras;
• legumbres;
• cereales poco procesados, preferentemente integrales;
• frutos secos y semillas;
• aceite de oliva como principal fuente de grasa;
• consumo moderado de pescado y aves;
• cantidades reducidas de carne roja.
Una mayor adherencia a este patrón se ha asociado con menor riesgo de mortalidad, enfermedad cardiovascular, enfermedad coronaria, infarto de miocardio, diabetes y algunas enfermedades neurodegenerativas.
Sus beneficios probablemente dependan de múltiples mecanismos: mejor perfil lipídico, menor inflamación y estrés oxidativo, mejor sensibilidad a la insulina y efectos favorables sobre la función vascular.
2. Dietas vegetarianas .
No necesariamente significan eliminar todos los alimentos de origen animal.
El concepto de alimentación “plant-based” implica que la mayor parte de la alimentación provenga de frutas, verduras, legumbres, cereales, frutos secos y semillas.
La dieta mediterránea es, de hecho, un ejemplo de patrón predominantemente vegetal sin ser estrictamente vegetariano.
La calidad de los alimentos sigue siendo fundamental: una dieta vegetariana basada en productos ultraprocesados no necesariamente constituye una alimentación saludable.
3. Dieta DASH
La dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) fue desarrollada específicamente para ayudar a controlar la presión arterial.
Es rica en frutas, verduras y lácteos bajos en grasa y contiene cantidades reducidas de grasas saturadas y colesterol.
En el estudio original DASH produjo reducciones promedio de aproximadamente 5,5 mmHg en la presión sistólica y 3 mmHg en la diastólica respecto de la dieta control.
Posteriormente se observaron beneficios adicionales sobre colesterol, metabolismo de la glucosa y riesgo cardiovascular.
Cuando se combina con una reducción del consumo de sodio, su efecto sobre la presión arterial puede ser todavía mayor.
4. Dietas bajas en carbohidratos y dieta cetogénica
Las dietas bajas en carbohidratos han ganado enorme popularidad.
Las versiones más restrictivas pueden aportar solamente 20–50 gramos de carbohidratos diarios, produciendo cetosis.
Algunos estudios muestran reducción de peso y mejoría inicial de determinados factores metabólicos. Sin embargo, la superioridad frente a otros patrones alimentarios no siempre se mantiene durante el seguimiento.
Además, el efecto de una dieta baja en carbohidratos depende mucho de qué alimentos reemplazan esos carbohidratos.
No es lo mismo reemplazarlos por verduras, frutos secos, pescado y grasas insaturadas que hacerlo aumentando considerablemente carnes procesadas y grasas saturadas.
5. Ayuno intermitente
Incluye diferentes estrategias:
• ayuno en días alternos;
• esquema 5:2;
• alimentación restringida a determinadas horas del día.
Durante el ayuno se produce un cambio metabólico desde la utilización predominante de glucosa hacia ácidos grasos y cuerpos cetónicos.
Sin embargo, aunque existen resultados prometedores sobre peso, glucemia, presión arterial y otros parámetros metabólicos, la evidencia sobre beneficios clínicos a largo plazo frente a una restricción calórica convencional todavía es limitada y discutida.
Por eso, el ayuno intermitente no debería presentarse como una estrategia universalmente superior.
¿Qué podemos llevar a nuestra mesa?
Probablemente la enseñanza más importante de esta revisión sea que no existe una dieta mágica.
Los patrones alimentarios con mayor respaldo comparten características bastante sencillas:
🥦 Más verduras y frutas.
🫘 Más legumbres.
🌾 Preferir cereales integrales.
🥜 Incorporar frutos secos y semillas.
🫒 Preferir grasas insaturadas, como el aceite de oliva.
🐟 Incorporar pescado.
🥓 Reducir fiambres, embutidos y otras carnes procesadas.
🥤 Disminuir bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido de azúcares.
Y existe otro aspecto fundamental: el buen habito alimentario debe poder sostenerse en el tiempo.
Las dietas excesivamente restrictivas suelen presentar mayores dificultades de adherencia. Por eso, las preferencias personales, la cultura, el costo y la disponibilidad de alimentos también deben considerarse al recomendar un patrón alimentario.
Nuestro mensaje
Cuidar el corazón no requiere encontrar la dieta perfecta , sino construir un hábito alimentario saludable adecuado a la persona con problemas de salud previos o no, que podamos mantener durante años y que tenga como horizonte tener una mayor duración y calidad de nuestra vida.
Cuando hablamos de hábito alimentario , justamente hablamos de lo que “habitualmente” debemos comer con algunas lógicas licencias o permitidos semanales .
Pequeños cambios sostenidos tendrán más impacto que grandes restricciones que muy probablemente abandonemos a las pocas semanas.
Comer mejor también es prevención cardiovascular.
Fuente científica
Yannakoulia M, Scarmeas N. Diets. N Engl J Med. 2024;390:2098-2106. doi:10.1056/NEJMra2211889.
Editorial CEDIC
Dr Jorge CasasMTSAC FSISIAC
Cardiologo/Esp en Medicina Interna/MP 446205
Docencia y Comunicación CEDIC
Director Consejo de Medicina Vascular SAC
Ex Presidente Comité Miocardiopatías FAC