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Los inhibidores de la bomba de protones (IBP), agentes antisecretores ácidos conocidos como protectores gástricos, como el omeprazol, lanzoprazol, pantoprazol, rabeprazol y esomeprazol, tienen indicaciones precisas de tratamiento y por tiempos determinados. Se estima un uso inapropiado de IBP en 40 a 65% de la población.

La mayoría de las indicaciones para estos medicamentos requieren un tratamiento a corto plazo como en el reflujo gastroesofágico y la gastritis, de 4 a 8 semanas o en las úlceras gástricas y duodenales, de 4 a 12 semanas.

La necesidad de tratamientos prolongados se limita a patologías menos frecuentes, en donde el riesgo de complicaciones por la propia enfermedad supera los eventuales efectos adversos de los medicamentos como el Síndrome de Zollinger-Ellison, Esófago de Barret, esofagitis severas, antecedentes de hemorragias por úlceras gastrointestinales, uso crónico de antiinflamatorios o corticoides, entre las más frecuentes.

Si bien los IBP son fármacos seguros, con efectos adversos escasos, con el uso prolongado de los mismos se han descripto complicaciones relacionadas como diarrea, cefaleas, alteración de la absorción de Vitamina B12, déficit de magnesio, fracturas de cadera, neumonía, gastritis atrófica, metaplasia intestinal, infecciones intestinales por Clostridium difficile, sobrecrecimiento bacteriano intestinal y problemas por asociaciones con otras drogas, especialmente en personas con riesgo.

Por lo tanto, es importante poner en la balanza la necesidad de medicación y la potencialidad de efectos adversos ante cada paciente.

Los pacientes que ya vienen recibiendo IBP en forma crónica, sin indicación precisa, deberían descender la dosis en forma paulatina, ya sea disminuyendo la frecuencia o la dosis diaria, o incluso a días alternos, hasta suspenderla y eventualmente utilizarlos a demanda, de acuerdo con la sintomatología. En los casos en los que la frecuencia de esta necesidad aumente, es conveniente consultar nuevamente con el médico, para reconsiderar la necesidad de nuevos estudios o reinicio de terapia continua por un tiempo.

Hay otras medidas que favorecen de manera significativa la reducción de síntomas, como la disminución de peso, procurar una ingesta cada 3 horas, con poca cantidad y de buena calidad, evitando aquellos alimentos agresivos (mate, café, alcohol, dulces, fritos, grasas, picantes, etc) así como la ingesta de antiinflamatorios y el consumo de cigarrillo y evitar acostarse hasta al menos una hora después de comer.

 

Dra Mateu, Ma Vanesa.

MP1989

Especialista en Clínica Médica y Emergentología

 

Bibliografía:

  1. Deprescribing proton pump inhibitors. Evidence-based clinical practice guideline. Canadian Family Phiysician, 2017.
  2. Further evidence to monitor long-term proton pump inhibitor use. JAMA, 2019.
  3. Riesgo – Beneficios de los Inhibidores de la bomba de protones. Revista Española de Enfermedades Digestivas, 2016.
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