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La fibromialgia es un cuadro clínico de origen desconocido que se caracteriza por dolor generalizado, incapacitante y crónico, junto con la demostración en la exploración física de unos puntos en los que la presión moderada desencadena dolor, denominados puntos sensibles de la fibromialgia.
La fibromialgia es una entidad de gran trascendencia en la salud pública debido a su alta prevalencia, siendo del 4,2% para el género femenino y del 0,2% para el masculino.

Aunque los criterios de clasificación de fibromialgia del Colegio Americano de Reumatología de 1990 no son criterios diagnósticos, se han utilizado extensamente para diagnosticar a las pacientes con artromialgias crónicas difusas.
Se definen tres puntos claves:

  1. Historia de un dolor generalizado.
  2. Dolor de tres meses de evolución como mínimo.
  3. Palpación dolorosa en 11 tender points (TP) de los 18 posibles.

 

Existen patologías que se asocian con mayor frecuencia a la fibromialgia: trastornos reumatológicos (patología degenerativa osteoarticular), trastornos psiquiátricos (síndrome ansiosodepresivo) y trastornos digestivos (pirosis, colon irritable, dolor abdominal inespecífico, etc.).

El desconocimiento sobre la etiología imposibilita tener un tratamiento farmacológico totalmente efectivo. Se detectan mejorías significativas en la percepción del dolor tras el diagnóstico y el reajuste del tratamiento farmacológico, sin encontrar un grupo farmacológico concreto con mayor beneficio en la mejoría del dolor. El tratamiento en cada caso ha de ser individual, según las características del paciente, el grado de sintomatología clínica, las enfermedades asociadas y la percepción subjetiva de la enfermedad.

No existen remedios mágicos. Se pueden prescribir analgésicos simples, como el paracetamol, o relajantes musculares. Los corticoides y los antiinflamatorios no esteroideos no sirven para aliviar la fibromialgia, puesto que no es una patología inflamatoria. En algunos casos es posible prescribir algunos anticonvulsivantes que actúan como analgésicos más fuertes o de acción central. En ocasiones se requiere ayuda psicológica o psiquiátrica, y a menudo el paciente debe tomar antidepresivos, que se usan principalmente por su efecto sobre el umbral del dolor y no se prescriben necesariamente para una depresión.

El tratamiento tiene también un aspecto relacionado con la terapia física y la práctica de ejercicios supervisados por un kinesiólogo. En general, las personas con fibromialgia muestran un desacondicionamiento muy marcado porque han evitado el ejercicio debido a su malestar, por lo que la actividad física debe empezar muy lentamente.

Realizar correctamente el diagnóstico de fibromialgia es muy importante ya que reduce la angustia del paciente, evita la realización de estudios innecesarios y permite al paciente compartir sus temores, dolencias y expectativas con otros seres humanos que padecen su mismo problema.

 

Dra Vanesa Mateu

Clínica Médica

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